Un miembro del cuerpo de la Policía Municipal de Pamplona (UPAS), que ha preferido no identificarse, relata su experiencia atendiendo denuncias de violencia de género. Asimismo, cuenta el trato con las víctimas y sus maltratadores. ”Lo que en un principio ha podido ser un ataque físico, esconde siempre también una agresión psicológica”.

DANIELA ARNAL Y JAVIER ERRO

María, durante la entrevista con Fundación Visiona.

¿Cuál es la tipología de las situaciones que os soléis encontrar aquí en la Policía Municipal?

En Pamplona se ha tenido muy en cuenta ayudar y apoyar, en muchas ocasiones, a las chicas. Son, sobre todo, jóvenes que van andando por la calle y escuchan cualquier obscenidad, lo cual les hace sentirse incómodas y con miedo.

¿Te ha tocado atender las llamadas de ese miedo?¿Cuáles son las sensaciones que te trasladan?

En principio, las llamadas las recibe en la centralita y te transmiten cómo se escucha la chica, si está nerviosa, o está sola. Ellos son los primeros que sienten ese miedo. Posteriormente, los primeros que acuden son pratullas de uniformados. En estos casos, son los que le dan seguridad a la víctima, al ver que están llegando al lugar a protegerlas. Si no requieren tanta urgencia, vamos nosotros vestidos de paisanos, y hablamos con ellas. Algunas chicas se sienten protegidas con un policía grande y otras se sienten menos cómodas con eso, prefieren uno vestido más informal.

El poder de control del agresor

¿Has presenciado violencias de tipo psicológico o verbales, sin que se proceda a una violencia física o sexual?

Sí, trabajamos sobre todo con violencias psicológicas. Normalmente, nos llegan las víctimas cuando ya ha habido un primer ataque. Ahí es cuando despiertan muchas de ellas. Cuando les entrevistas, lo que en un principio ha sido una agresión física de su pareja, siempre tiene detrás un maltrato psicológico. La violencia psicológica engloba el control de la pareja.

Lo más habitual es querer tener poder sobre qué te pones, a quién le escribes en el teléfono, y ese tipo de circunstancias vienen también acompañadas, muchas veces, con insultos. Sí que tenemos casos donde solo hay violencia psicológica pero estas chicas no vienen por emergencias policiales, sino a través de servicios sociales que nos las derivan. Estas explican su situación y si hay maltrato, las mandan a la policía.

“Lo que en un principio ha sido una agresión física de su pareja, siempre tiene detrás un maltrato psicológico”.

María, miembro del cuerpo de la Policía Municipal de Pamplona (UPAS).

¿Les cuesta a las chicas denunciar?

Sí, las maltratadas son a las que más les cuesta denunciar. Muchas de ellas no quieren hacerlo para no separarse, perjudicar a su pareja, o porque piensan que ya se va a arreglar la situación. Uno de los derechos que tienen las víctimas es el de no denunciar. Entonces podemos hacerlo de oficio, ya que existe una ley que lo permite. Hemos concedido órdenes de alejamiento a chicas que no han querido denunciar, después de que su pareja las arrastraran por los pelos.

¿Cómo se desarrollan los acontecimientos una vez que ocurre esa denuncia?

Si lo hacemos nosotros, se hace una valoración del riesgo que tiene esta chica, a través de terceras personas intentamos averiguar. Si la jueza considera una orden de protección, tenemos que estar en contacto con estas chicas. muchas veces ellas facilitan un acercamiento posterior con sus parejas. Por suerte, no hemos tenido casos en los que una chica insista en quitar la orden de protección y haya ido a peor. Pero en otros lugares sí sé que se han producido desenlaces fatales.

“Hemos concedido órdenes de alejamiento a chicas que no han querido denunciar, después de que su pareja las arrastraran por los pelos”.

María, miembro del cuerpo de la Policía Municipal de Pamplona (UPAS).

¿Has llegado a sentir miedo o sufrido alguna agresión por invadir el espacio íntimo?

En alguna ocasión, me ha tocado hablar con el detenido. Hasta ahora, no he tenido ningún problema, pero muchas veces se nota que están alterados y con actitudes violentas. Después, cuando se calman, la mayoría son conscientes de que cometieron un delito. Sin embargo, cuando estaba en patrullas, he presenciado a detenidos que niegan sus actos y le echan la culpa a su pareja.

Negación ante el maltrato

Las víctimas que niegan que son maltratadas, incluso después de haber recibido una paliza, y están alienadas por su pareja, no consideran que eso fue un maltrato. He visto casos en los que he hablado con la víctima y cuando ya vemos que hay golpes y detenemos al chico, se niega que lo hagamos diciendo que no es culpable, o que ha sido ella misma quien propició los golpes. “¿Quién los ha llamado?”, “¿por qué se han metido?”, son algunas de las expresiones más comunes por parte de las víctimas cuando están a la defensiva.

Es muy típico que el maltrato se dé por fases. La primera es cuando se produce un episodio violento de forma verbal o física y a este suele seguirle la luna de miel, en la cual el maltratador se siente culpable y entonces le pide perdón a la víctima, regalándole cosas o invitándola a comer. Después, vuelven otra vez a presentarse los ataques, de manera cíclica. El alcohol, las drogas y la pandemia pueden ser los detonantes a estas agresiones.

“Las víctimas que niegan que son maltratadas, incluso después de haber recibido una paliza, y están alienadas por su pareja, no consideran que eso fue un maltrato”.

María, miembro del cuerpo de la Policía Municipal de Pamplona (UPAS).

¿Hay acoso verbal por parte de mujeres a hombres?

A todas las personas se les debe un respeto, sin distinción entre mujeres y hombres. Todavía hace falta aprender que si una chica no le apetece estar con un hombre, no es razón para que este reaccione de manera violenta.

¿Dónde están los límites?

Como mujer y como miembro del cuerpo policial, ¿Crees que son difusos los límites entre el piropo y el acoso verbal?

Hay mujeres que les da gracia que les digan guapa, otras les parece inconcebible e incómodo. Ya es cuestión de la percepción de cada quien y de sus sentimientos. A mí, personalmente, no me importa que me lo digan, porque ya lo tengo asumido. Pienso: “Otro pesado más”. Pero luego ya vienen las obscenidades.

¿Por qué tenemos que aguantar eso?. Es una falta de respeto. Este aspecto ya entra en el Código Penal. Para que haya acoso, uno tiene que demostrarlo penalmente conforme los límites de dicho Código. Por mi entorno y por las charlas que damos en los colegios, tengo muy presente la importancia de enseñarles a los jóvenes sobre estas actitudes que no deben imitar o repetir.