Cuando se desconoce qué es exactamente un delito de odio o cuando se camufla tras una agresión o conflicto vecinal. Ahí es donde quiere actuar el Proyecto Clara. Una iniciativa coordinada a través de la Policía municipal de Madrid, en la que participa Pamplona, la cual busca establecer relaciones entre asociaciones culturales y agentes de Policía para saber cómo actuar ante este tipo de delitos.

XABIER PITA Y SOFÍA LÁZARO

Pamplona ha vuelto a acoger una nueva jornada de las Comunidades Locales de Aprendizaje, que se enmarcan dentro del Proyecto Clara, coordinado a nivel nacional por la Policía Municipal de Madrid. Pero, ¿qué es esto del proyecto Clara? Se trata de una iniciativa en la que asociaciones locales, en representación de diferentes razas, etnias, culturas u orientaciones, trabajan en consonancia con la Policía para atajar los delitos de odio, racismo y xenofobia.

La interacción entre grupos sociales vulnerables y la Policía Municipal es una parte imprescindible para la solución del problema de los discursos de odio. Esto permite ahondar en el conocimiento y entendimiento entre ambas partes y estrechar relaciones. Incrementar la confianza también es otro de los factores clave. “Para nosotros es importante que los cuerpos policiales detecten y tengan el tacto para tipificar y decir que esto es discriminación. Creemos que es un paso muy importante que los cuerpos policiales, presentes en la calle, detecten este tipo de actuaciones”, comentaron desde SOS Racismo Navarra.

La importancia del entendimiento mutuo

Las sesiones se celebran con la idea de comprender mejor qué es un delito de odio, algo para lo que se necesita formación porque, muchas veces, queda oculto tras un delito de agresiones o una simple discusión. Se trata de formarse en el tema, anticiparse a los hechos, además de prevenir y mediar entre las partes implicadas. Estas sesiones se consideran imprescindibles para mejorar la comunicación de ambas partes y atajar el problema de los discursos de odio. De esta manera, se estrechan las relaciones y se genera un clima de confianza que permita un entendimiento mutuo.

“Ser mujer ya conlleva una desigualdad ante la sociedad, pero ser mujer y migrante negra está en una posición muy vulnerable”.

SOS Racismo Navarra.

Además de la Policía Municipal de Pamplona, la iniciativa está coordinada por los cuerpos policiales de Fuenlabrada, Leganés, Getafe, Málaga y Elche. Participan también el Oberaxe (Observatorio Español del Racismo y la Xenofobia), la consultora Dinamia y el Bradford Hate Crime Alliance.

Una de las imágenes de la charla CLAP del Proyecto Clara, del pasado 10 de marzo. Proyecto Clara.

Ricardo Martínez, subinspector de Policía Comunitaria en Pamplona, explicó cómo ayuda este proyecto a combatir los delitos de odio: “Considero que es importante la interacción entre los representantes de los colectivos que pueden ser más vulnerables o que pueden sufrir esos delitos de odio con Policía Municipal para intentar romper barreras”. Crear un entorno de comodidad y confianza entre colectivos y policía es esencial para el buen funcionamiento y seguridad de Pamplona. “De esta manera, creamos unas sinergias con ellos para que sepan que pueden dirigirse a nosotros en caso de que haya cualquier problema. En el cuerpo existe un interlocutor directo, al que saben que pueden dirigirse para solucionar cualquier cuestión”, detalló.

A pesar de que quien valora la existencia de un delito es el juez, la policía ha creado estos canales de comunicación y ha formado a sus profesionales para facilitar los procesos, aunque Martínez admitió que, debido a que este proyecto lleva poco tiempo en acción, todavía les resulta complicado en ocasiones. “Existen delitos que pueden estar ocultos entre otro tipo de delitos. Por ejemplo, puede ser una agresión escondida bajo un delito de racismo: alguien le da un puñetazo a otra persona por su condición de inmigrante. Saber diferenciar la causa todavía nos resulta difícil”, relató.

¿Qué opinan algunas de las asociaciones que participan sobre la seguridad de las mujeres en Pamplona?

“Ser mujer ya conlleva una desigualdad ante la sociedad, pero ser mujer y migrante negra está en una posición muy vulnerable”. Entre las asociaciones presentes en la reunión, la representante de SOS Racismo Navarra, explicó la situación de vulnerabilidad de estas mujeres frente a la trata o la prostitución. Sobre la seguridad en las calles de Pamplona, comentó: “las mujeres que llegan a la oficina de SOS Racismo nos informan de miradas incómodas, situaciones complicadas en la villavesa, que vayan caminando por la calle y les ofrezcan servicios sexuales porque tienen asociada esa imagen de mujer africana a la prostitución…” Y relató que las mujeres que llegaban a denunciarlo cansadas, quieren ponerle un nombre a lo que les atraviesa, a ese dolor, que en la mayoría de los casos es racismo puro y duro.

“Cuando hablamos de delitos de odio hablamos de un espectro muy amplio que incluso puede llegar a la discriminación que sufre una persona al no tener acceso a un servicio”, explicó en relación a la tipificación de este tipo de delitos. “Para nosotros, es importante que los cuerpos policiales detecten y sepan sobre estos delitos, y además, tengan el tacto para decir: esto es discriminación, tiene que tipificarse y tiene que ir al juzgado porque es un agravante. Ya que es complicado diferenciarlo”, detalló.

Imagen de una de las reuniones de la Comunidad Local de Aprendizaje en Pamplona. Proyecto Clara.

Esta asociación cree que la organización de este tipo de eventos es un paso muy importante. “Es importante empezar desde la base, la estructura, desde la policía. En todas las instituciones públicas la formación, el conocer qué es un delito de odio, qué es el discurso de odio y qué es el racismo, debería ser imprescindible”, manifestó. Y concluyó: “Creemos que es un paso adelante pero no es una solución, y menos a corto plazo. El racismo se construye en cada persona por el entorno, aunque nosotras consideremos que no somos racistas, muchas prácticas que tenemos día a día lo son. Por eso es imprescindible no solo la buena actuación de la policía, sino también una buena educación a las generaciones que vienen”.

La exclusión de una parte de la sociedad

“Musulmanas y no musulmanas. Los delitos de odio no solo competen a mujeres que sean musulmanas, también engloba a la gente que tiene una relación con una persona musulmana, que está cerca de una mezquita o que apoyen las ideas de estas personas y la comunidad islámica”, sentenció la representante de Comunidad Islámica del Norte. “El delito de odio fragmenta a la sociedad. Hace que no haya una sociedad cohesionada porque cuando una parte de la sociedad se excluye, esa sociedad no puede avanzar hacia una prosperidad común”.

“El delito de odio fragmenta a la sociedad. Hace que no haya una sociedad cohesionada porque cuando una parte de la sociedad se excluye, esa sociedad no puede avanzar hacia una prosperidad común”.

Comunidad Islámica del Norte.

La plataforma, que admite haber detectado problemas a la hora de tipificar este tipo de delitos, afirma que a menudo sufren delitos comunes escondidos bajo otro tipo de delitos más graves. “En una misma víctima pueden confluir muchos asuntos que determinan que esa víctima ha sido elegida porque es una persona que vive en la calle, es una mujer, lleva hiyab, etc. Es decir, cuando se estudia un caso de delito de odio hay que saber diferenciar qué tipo de delitos se han cometido para poder hacer una buena instrucción de lo que ha ocurrido y que se pueda juzgar como tal”, comentó.

Rebrotes de racismo

La asociación proporciona acompañamiento, seguimiento y, si se necesita en algún caso, apoyo jurídico a las personas que han sufrido cualquier tipo de delito. Delitos que, en ocasiones, dependiendo del lugar y del momento se intensifican: “Está muy relacionado, por ejemplo, cuando hay algún episodio a nivel internacional y hay publicaciones en prensa. En esos momentos suele haber un rebrote y un puntazo de racismo. Nosotras somos mucho más visibles y se identifica esa noticia con nosotras. Somos muy fácil de increpar”, explicó.

“También intentan infantilizar a la mujer, dando a entender que una mujer musulmana no es capaz de ser tan válida por el simple hecho de llevar la cabeza tapada. Hay muchísimos delitos que no son solo agresiones en la calle, pueden ser también rechazo a alquilar una vivienda, menospreciarte en una atención médica, imposibilidad de acceder a una clase porque la profesora no quiere recibirte con el hiyab…. Y, desgraciadamente, todas estas cosas pasan habitualmente”, decía.