Eva Istúriz García, Directora Gerente del Instituto Navarro para la Igualdad, cuenta los retos de la institución para luchar contra las desigualdades de género. Asimismo, comparte su visión, como mujer y profesional, con respecto al acoso callejero. “No se trata ni de buenas ni de malos, sino de responsabilidades. Cada parte tiene la suya. Cuando hablamos de acoso callejero no estamos culpabilizando a todos los hombres, ni atacándolos. Por eso es tan importante que los hombres también censuren entre ellos mismos esas conductas equivocadas

DANIELA ARNAL Y SOFÍA LÁZARO

Eva Istúriz, durante la entrevista con Fundación Visiona.

¿Cómo definiría el Instituto Navarro para la Igualdad el acoso callejero?

El acoso callejero es un tipo de violencia que ocurre contra las mujeres y tiene que ver con una sociedad machista, donde no se ha alcanzado la igualdad. Se da cuando se invade y no se respeta el espacio personal. Puede ser visual, verbal o corporalmente.

El acoso verbal puede dejar secuelas psicológicas. ¿Crees que las palabras pueden llegar a tener tanta fuerza?

Se tiene que tener en cuenta el contexto en el que se realiza. Estamos en una sociedad machista donde, hasta hace poco, se consideraba el acoso como simples piropos hacia las mujeres. En ese sentido, las mujeres tenemos más claro qué es acoso verbal. El acoso cosifica a las personas: en lugar de ver a una persona, estás cosificando a una mujer. Los hombres no lo tienen tan claro. Estamos socializados en una cultura donde no están claros los límites. Todavía queda mucho camino por recorrer, sobre todo pedagógicamente. De esta manera las mujeres podremos verbalizar y decir cuándo nos están molestando, y los hombres podrán detectar conductas erróneas. No se trata de que a nadie le puedan decir guapa o guapo: el tema es si se está cosificando o no.

“Estamos socializados en una cultura donde no están claros los límites, todavía queda mucho camino por hacer, sobre todo pedagógicamente”.

Eva Istúriz García, Directora Gerente del Instituto Navarro para la Igualdad.

¿Se han visto casos que han llegado al Instituto para la Igualdad de mujeres cosificando a hombres?

Es un poco complicado. Las mujeres pueden copiar conductas masculinas que, habitualmente, hasta hace poco, solo hacían los hombres. La diferencia es que el hombre no siente la vulnerabilidad que sienten las mujeres en los espacios públicos. Eso no quiere decir que no haya ocasiones en las que se puede estar cosificando al hombre, pero no tienen el mismo concepto de vulnerabilidad. Un hombre al que se le dice guapo no se siente en peligro.

Desaprender la cosificación

Como mujer y como representante del instituto de igualdad, ¿dónde cree que están esos límites?

El límite está en la cosificación de las mujeres y en el respeto al contexto en el que se encuentran. No se le debería decir a ninguna mujer guapa cuando va por la calle, eso es algo que hemos heredado de una sociedad machista. Las mujeres no estamos a disposición de los hombres para que nos digan cosas. Es algo que debemos desaprender. Son los hombres quienes más tienen que hacerlo. Esto se ve hasta en los programas de televisión, cuando una mujer lleva una cámara oculta en el escote y hombres de todas las edades voltean a mirar, porque es algo estructural y social. Es importante que nos veamos como personas.

Es interesante no educar a las nuevas generaciones en que la figura del hombre es siempre mala, siempre dañina.

No se trata ni de buenas ni de malos, sino de responsabilidades. Cada parte tiene la suya. Cuando hablamos de acoso callejero, no estamos culpabilizando a todos los hombres. Me parece importante que otros hombres censuren las conductas equivocadas de sus conocidos, porque muchas veces cuando las mujeres lo hacen se vive como un ataque. Y resulta que no lo es. Lo que queremos es vivir en una sociedad igualitaria donde mujeres y hombres podamos estar en los espacios públicos sin sentir que no se nos respeta. Sí que nos estamos cuestionando cosas que antes dábamos por naturales y no lo son. Las familias también tienen mucha responsabilidad, a veces transmiten unos valores muy desfasados de la realidad. Los chistes siguen siendo todavía muy machistas, los vídeos, las canciones. La igualdad no tiene que ver con la guerra de sexos, el feminismo nunca ha buscado eso, sino que mujeres y hombres disfrutemos de los mismos derechos.

Algunos piensan que el acoso se da cuando el hombre no atiende a los mensajes claros de que sus comentarios no son bienvenidos. Otros dicen que, si a una mujer se le intenta seducir en un lugar equivocado y no se plantea un ambiente mínimo de comodidad, es complicado que sea tajante y puede sentir temor o sentirse paralizada. ¿Con cuál de estas visiones está de acuerdo?

Es complicado manifestarse cuando las mujeres estamos socializadas siempre dependiendo de la mirada masculina. Nos hemos incorporado a un espacio público que sigue dominado por hombres, porque, aunque hemos avanzado mucho, siguen ocupando mucho y hay un desfase. Poner la responsabilidad en quien recibe el acoso no tiene sentido, porque la tiene quien lo ejerce. Hay una parte del imaginario masculino que está todavía muy equivocado. Frases muy comunes como: “El que la sigue la consigue”; “cuando las mujeres dicen que no, queremos decir sí”, reflejan este atraso. Incluso en un bar, cuando estás con unas amigas, los hombres dicen que estás sola. Porque, aunque hay cinco chicas juntas, están solas, ya que no hay un hombre. Queda mucho por hacer”.

“Poner la responsabilidad en quien recibe el acoso no tiene sentido, porque la tiene quien lo ejerce”.

Eva Istúriz García, Directora Gerente del Instituto Navarro para la Igualdad.

¿Que efectos cree que puede tener en la sociedad navarra proyectos como Fundación Visiona, que reflejan esta situación?

Es muy positivo. Todo lo que sea difundir colabora a la sensibilización de igualdad de derechos. Antes era impensable. Mi madre iba al cine con alfileres, no podía expresar que estaba siendo acosada y su única opción era pinchar al acosador. Sin embargo, esta sensibilización ha hecho que podamos expresar cómo nos sentimos las mujeres cuando nos ocurren estas cosas, y que los hombres reflexionen al respecto.

¿Cree que una mayor cobertura por parte de los medios de comunicación de problemas de este tipo pueden visibilizar la situación?

Por supuesto, nos vemos y decimos ¿esa persona soy yo?, igual estoy acostumbrada a hacerlo siempre, pero así se desarrolla un espíritu critico en la sociedad.

La trayectoria

¿Cuáles han sido las campañas más representativas del Instituto de Igualdad?

Creemos que hay que poner en valor lo que se está trabajando, hay fortalezas porque la sociedad navarra tiene una trayectoria grande en el tema de la igualdad. Hay asociaciones feministas y tenemos muy buen material. Lo que pasa es que los cambios sociales soy complicados, y hay que estar siempre alerta porque, si no, la sinergia te lleva a retroceder. Hemos visto cómo aumenta el presupuesto para la Igualdad, tenemos muchas posibilidades de trabajarlo. La igualdad no es solamente una cuestión del Instituto, sino de todo el Gobierno de Navarra. Solemos tener unas campanas fijas, el 8 de marzo, durante San Fermín y luego la del 25 de noviembre, que es el día internacional contra la violencia hacia las mujeres. Generalmente tenemos una estrategia, buscamos contextualizarla con lo que ha ocurrido ese año.

¿Es necesario que a los niños y niñas se les eduque bajo la igualdad de género desde pequeños?¿Desde que edad?

Creo que la igualdad se enseña desde el vientre materno. Cuando nos enteramos del sexo del bebé ya comienzan a manifestarse una serie de estereotipos, empezamos a hablar de otra manera. El primer niño que tuve fue varón y mi mejor amigo le regaló, cuando tenia apenas dos días, un balón de futbol. Hay muchas cosas que nos condicionan. Lo ideal es que la educación formal se adapte al momento cognitivo del niño.

La violencia como punta del iceberg

¿Usted cree que la pornografía promueve un espíritu machista-agresivo?

La pornografía que hay es muy machista, transmite esos valores. Las nuevas tecnologías han facilitado mucho que se acceda muy fácil a ella. Es muy difícil censurarla, por lo que hay que desarrollar un espíritu crítico. Hay estudios que demuestran que tiene una incidencia muy negativa en la violencia sexual hacia las mujeres. La única manera de acabar con la violencia hacia las mujeres es la igualdad. La violencia es la punta del iceberg, es la manifestación mas extrema de las desigualdades. Si trabajamos a favor de la igualdad, se terminará rompiendo.

“La única manera de acabar con la violencia hacia las mujeres es la igualdad”.

Eva Istúriz García, Directora Gerente del Instituto Navarro para la Igualdad.

¿Qué soluciones propone este Instituto?

Contamos con recursos de acogida, porque hay que intervenir cuando la violencia es mas explícita. Asimismo, tenemos servicios de atención integral a chicas que necesitan apoyo para poder salir de una situación de violencia. También tenemos un programa para trabajar en contextos de prostitución. Y una ley foral del 2015 de violencia contra las mujeres que nos permite desarrollar planes de actuación y acuerdos institucionales donde el instituto coordina el ámbito judicial, social y gubernamental para buscar soluciones que son muy complejas, pero absolutamente necesarias.